Santa Bárbara de Samaná, conocida simplemente como Samaná, es la capital de la provincia del mismo nombre, en la costa sur de la península. Allí las lomas verdes bajan hacia una bahía amplia y resguardada. Cada invierno esa bahía convierte a Samaná en uno de los lugares más conocidos del Caribe para ver ballenas jorobadas, que llegan desde el Atlántico Norte entre enero y marzo, y de su muelle sale la mayoría de las lanchas de avistamiento.
Además de las ballenas, Samaná es una base práctica para toda la península: las lanchas cruzan a la pequeña isla de Cayo Levantado y a los mogotes y manglares del Parque Nacional Los Haitises, el Salto El Limón queda a poca distancia y las playas de Las Galeras y Las Terrenas están al alcance. El alquiler vacacional va desde apartamentos cerca del litoral hasta villas en las lomas con amplias vistas sobre la bahía.
El pueblo, a lo largo de la bahía y en las calles cercanas, conviene a quienes quieren ir caminando al muelle para las salidas a ver ballenas o a las islas, al mercado y a los restaurantes locales. Los apartamentos aquí son prácticos más que de playa, porque el pueblo da a la bahía y no a una playa abierta.
Gran parte de Samaná está construida sobre las lomas de la sierra de Samaná, y en las laderas sobre el pueblo hay villas y casas con vistas amplias a la bahía y sus cayos; allí conviene tener carro. Al oeste, un desarrollo con marina junto a la carretera de la bahía ofrece condominios y una estadía más tranquila. Para tener la playa en la puerta, muchos combinan unas noches en el pueblo con otras en Las Galeras, El Limón o Las Terrenas.
Cada invierno, las ballenas jorobadas del Atlántico Norte migran hacia las aguas cálidas y protegidas de la bahía de Samaná y de los bancos cercanos para cortejarse, aparearse y criar a sus ballenatos. La zona forma parte del Santuario de Mamíferos Marinos Bancos de La Plata y de La Navidad, y el Ministerio de Medio Ambiente abre cada año una temporada oficial de avistamiento que suele ir de mediados de enero a finales de marzo.
Las salidas parten del muelle del pueblo con operadores autorizados, que deben respetar normas de distancia y tiempo alrededor de los animales. Febrero suele ser el mes de mayor movimiento. Nunca hay garantía, pero en temporada muchas lanchas regresan tras ver ballenas saltando, golpeando el agua con la cola o nadando con sus crías.
Cayo Levantado, una pequeña isla a poca distancia en lancha del muelle de Samaná, tiene un lado público con playas de arena blanca para bañarse y almorzar; el resto de la isla lo ocupa un hotel. También se le llama isla Bacardí, por un anuncio de ron filmado allí en los años setenta.
El Salto El Limón está en las lomas cercanas al poblado de El Limón y se alcanza a pie o a caballo por senderos entre el bosque. Al otro lado de la bahía, el Parque Nacional Los Haitises protege un paisaje de mogotes de piedra caliza muy juntos, canales de manglar y cuevas con pictografías y petroglifos indígenas. Las lanchas desde Samaná visitan sus cuevas y Cayo de los Pájaros, un islote sobre el que vuelan fragatas y pelícanos.
Colón se detuvo en la bahía en enero de 1493, al final de su primer viaje; tras un enfrentamiento con los ciguayos, bautizó la ensenada como golfo de las Flechas. El pueblo de Santa Bárbara de Samaná se fundó en 1756 con familias llegadas de las islas Canarias, y su nombre honra a la reina Bárbara de Braganza.
En 1824, durante el dominio haitiano de la isla, el presidente Jean-Pierre Boyer invitó a afroamericanos libres a establecerse en La Española, y muchas familias se instalaron en Samaná. Sus descendientes, conocidos como los americanos de Samaná, conservaron durante generaciones sus iglesias protestantes y una variedad propia del inglés. El pintor francés Théodore Chassériau nació en El Limón en 1819.
El Aeropuerto Internacional de Samaná El Catey (AZS), cerca de Sánchez, queda a unos 40 minutos en carro y recibe vuelos sobre todo de Canadá y Europa. El aeródromo doméstico de Arroyo Barril está a unos 16 kilómetros. Desde Santo Domingo y el Aeropuerto Internacional de Las Américas (SDQ), el viaje dura entre dos horas y media y tres horas por la autopista Santo Domingo–Samaná.
En invierno, los cruceros fondean frente a Samaná y llevan a sus pasajeros a tierra en lanchas. En el pueblo es fácil encontrar taxis, guaguas (minibuses de transporte público) y motoconchos (mototaxis). El carro es la forma más sencilla de llegar a El Limón, Las Galeras y Las Terrenas; para Cayo Levantado y Los Haitises se va en lancha.
Samaná tiene un clima tropical húmedo, con una temperatura media cercana a 26 °C y brisas marinas que suavizan el calor. Es una de las zonas más lluviosas del país, con más de 2000 milímetros de lluvia al año en promedio, lo que mantiene las lomas verdes; los aguaceros suelen ser breves.
De enero a marzo es la temporada alta, por las ballenas, y las casas cerca del muelle se reservan pronto. Julio y agosto tienen mucho movimiento por las vacaciones de las familias dominicanas. La temporada de huracanes del Atlántico va de junio a noviembre, con mayor riesgo entre agosto y octubre, así que en esos meses conviene tener planes flexibles.
La temporada oficial de avistamiento en la bahía de Samaná suele ir de mediados de enero a finales de marzo, y la abre cada año el Ministerio de Medio Ambiente. Febrero tiende a ser el mes de mayor afluencia, aunque se ven ballenas durante toda la temporada.
Entre tres y cinco días permiten salir a ver ballenas en temporada, visitar Cayo Levantado, subir al Salto El Limón y cruzar a Los Haitises. Si las playas son prioridad, conviene sumar unos días en Las Galeras o Las Terrenas.
El pueblo da a la bahía y no tiene una playa larga propia para bañarse. Los visitantes van a Cayo Levantado, a poca distancia en lancha, o se desplazan en carro a las playas de El Limón, Las Galeras y Las Terrenas.
El Aeropuerto Internacional de Samaná El Catey (AZS) queda a unos 40 minutos en carro. Desde el Aeropuerto Internacional de Las Américas (SDQ), en Santo Domingo, hay que calcular entre dos horas y media y tres horas por carretera.
Por las ballenas jorobadas que llegan cada invierno a su bahía, la isla de Cayo Levantado, el Salto El Limón, las excursiones en lancha al Parque Nacional Los Haitises y la historia de su comunidad afroamericana, establecida allí desde 1824.
Sí. Las salidas para ver ballenas, los días de playa en Cayo Levantado y el paseo a caballo hasta el Salto El Limón son buenos planes con niños algo mayores. Pregunte a los operadores por chalecos salvavidas y el estado del mar, porque la bahía puede picarse con viento.
En el pueblo se puede uno arreglar con taxis y motoconchos, y las lanchas salen del muelle. El carro vale la pena para alojarse en villas de las lomas y recorrer El Limón, Las Galeras y Las Terrenas a su propio ritmo.
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