Bolonia es la capital de Emilia-Romaña, una ciudad de unos 390 000 habitantes en el borde de la llanura del Po, al pie de los Apeninos, en el norte de Italia. Allí está la Universidad de Bolonia, fechada tradicionalmente en 1088 y considerada a menudo la universidad más antigua en funcionamiento continuo, y su centro de ladrillo rojo está recorrido por pórticos que la UNESCO declaró Patrimonio Mundial en 2021.
Los italianos la llaman la dotta, la grassa y la rossa: la docta por sus estudiantes, la gorda por su cocina y la roja por el color de sus edificios. Los visitantes llegan por sus torres y plazas medievales, sus mercados y la pasta fresca al huevo, y por los trenes rápidos que convierten Florencia, Rávena, Ferrara y Módena en excursiones fáciles de un día. Es ideal para amantes de la comida, parejas, aficionados a la historia y viajeros que buscan una ciudad auténtica. El alquiler vacacional ofrece sobre todo apartamentos en antiguos palacios bajo los soportales y en barrios residenciales junto a las antiguas murallas.
El centro histórico, dentro del anillo de avenidas que sigue el trazado de las antiguas murallas, es tan compacto que se cruza a pie en menos de una hora. En torno a la Piazza Maggiore y el Quadrilatero, las viejas calles del mercado, se está cerca de los principales monumentos y de las tiendas de comida. La zona universitaria, al noreste, en torno a la Via Zamboni, es la más animada, con estudiantes, librerías y vida nocturna, más adecuada para viajeros jóvenes que para quien tiene el sueño ligero.
Santo Stefano, alrededor de la plaza y del conjunto de iglesias del mismo nombre, es elegante y más tranquilo, buena opción para parejas y familias. Saragozza, hacia el oeste y el camino porticado a San Luca, es residencial y arbolado, cerca de las colinas. Justo al norte de la estación central, la Bolognina es un barrio diverso y cotidiano, práctico para viajar en tren y para estancias largas. Muchos apartamentos están en edificios antiguos sin ascensor, así que conviene revisar el acceso.
Los pórticos de Bolonia nacieron a comienzos de la Edad Media, cuando los pisos altos se prolongaban sobre la calle apoyados en puntales de madera. Una norma de 1288 obligó a construirlos en las casas nuevas, y desde 1568 debían rehacerse en ladrillo o piedra. Hoy suman más de 38 km en el centro histórico y unos 53 km contando las afueras. El más largo, el pórtico de San Luca, sube casi 4 km y 666 arcos desde la Porta Saragozza hasta el santuario de la Madonna di San Luca, en una colina de 289 m.
Las Dos Torres son el símbolo de la ciudad: la Asinelli mide unos 97 m, y la Garisenda, más baja, se inclina más de 3 m. Desde octubre de 2023 el entorno de la Garisenda está cerrado por obras de seguridad y consolidación, y la Asinelli sigue cerrada al público; consulte en la oficina de turismo si ha reabierto. En la Piazza Maggiore se alzan la enorme basílica de San Petronio, iniciada en 1388 y todavía inacabada, y muy cerca la fuente de Neptuno.
Los etruscos fundaron aquí una ciudad llamada Felsina a finales del siglo VI a. C., y los romanos crearon después la colonia de Bononia sobre la Via Emilia, la calzada que aún atraviesa recta el centro con los nombres de Strada Maggiore, Via Rizzoli, Via Ugo Bassi y Via San Felice. En la Edad Media Bolonia fue un municipio libre y una de las mayores ciudades de Europa, y sus familias nobles levantaron decenas de torres, de las que sobreviven unas veinte.
La universidad, fundada según la tradición en 1088 por los juristas Irnerio y Pepo, atrajo estudiantes de toda Europa. Entre 1562 y 1563 se construyó el Archiginnasio como su sede principal. La ciudad pasó luego a manos del papado, y en el siglo XX fue un centro de la resistencia antifascista; la ciudad fue liberada el 21 de abril de 1945, cuando entraron las fuerzas de la resistencia. El 2 de agosto de 1980, una bomba terrorista en la estación central mató a 85 personas, un atentado que se recuerda cada año.
El apodo la grassa viene de una cocina basada en la pasta fresca al huevo y el cerdo. La salsa de carne local, el ragù, se sirve con tagliatelle y no con espaguetis, y las pastas rellenas y los embutidos como la mortadela forman parte de la vida diaria en toda Emilia-Romaña. Las estrechas calles del Quadrilatero, junto a la Piazza Maggiore, están llenas de charcuterías, puestos de mercado y fabricantes de pasta, y los mercados cubiertos son buenos lugares para abastecer la cocina de un alquiler.
Las colinas cercanas producen vinos como el Pignoletto de los Colli Bolognesi, mientras que el Lambrusco procede de la zona de Módena y el Sangiovese de Romaña. La comida es por sí sola una razón para quedarse más: un apartamento con cocina permite cocinar con productos de los mercados. Muchos visitantes combinan Bolonia con Módena, cuna del vinagre balsámico tradicional, y con Parma, conocida por el jamón Prosciutto di Parma y el queso Parmigiano Reggiano.
El Aeropuerto Guglielmo Marconi de Bolonia (BLQ) está a unos 6 km al noroeste del centro, y desde 2020 el monorriel Marconi Express lo une con la estación de Bologna Centrale en unos ocho minutos. La estación es uno de los grandes nudos ferroviarios de Italia, donde confluyen las líneas de Milán, Florencia, Venecia y la costa adriática, y los trenes de alta velocidad llegan a Florencia en menos de 40 minutos por la línea abierta en 2009.
Por eso Bolonia es una base cómoda para excursiones. Ferrara, a unos 44 km al noreste, es una ciudad renacentista declarada Patrimonio Mundial. Rávena, camino de la costa, es famosa por los mosaicos paleocristianos de sus ocho monumentos inscritos por la UNESCO. Módena queda al oeste, con la fábrica de Ferrari en la cercana Maranello. En la ciudad, el centro se recorre mejor a pie, con autobuses para trayectos largos; el auto es un estorbo en la zona de tráfico limitado y solo compensa para las colinas y el campo.
Bolonia tiene un clima subtropical húmedo con cuatro estaciones bien marcadas. Los veranos son calurosos y a menudo bochornosos, y en julio y agosto el calor se siente en las calles de piedra, aunque los pórticos dan una sombra muy agradecida. Los inviernos son fríos y húmedos, con alguna nevada. La mayor parte de la lluvia cae en primavera y otoño, por lo que los soportales son útiles todo el año: se puede cruzar buena parte del centro sin mojarse.
De abril a junio y de septiembre a octubre son los meses más cómodos para caminar, ir a los mercados y hacer excursiones. El otoño, con el inicio del curso universitario, es una época animada. La ciudad acoge grandes ferias a lo largo del año que pueden llenar el alojamiento, y el calendario universitario mantiene el centro animado de otoño a comienzos del verano. En agosto muchos vecinos se van de vacaciones y algunos comercios pequeños cierran parte del mes.
Para una primera visita, el centro histórico cerca de la Piazza Maggiore y el Quadrilatero. La zona universitaria en torno a la Via Zamboni es animada y conviene a viajeros jóvenes. Santo Stefano y Saragozza son más tranquilos y adecuados para parejas y familias, y la Bolognina, junto a la estación, es práctica para viajar en tren.
De abril a junio y de septiembre a octubre hay clima templado, mercados animados y días cómodos para caminar. El verano es caluroso y húmedo, y en agosto cierran algunos comercios pequeños. El invierno es frío y húmedo pero tranquilo, y los pórticos protegen de la lluvia en cualquier estación.
Dos o tres días bastan para los pórticos, la Piazza Maggiore, las torres, Santo Stefano, el paseo a San Luca y algunas buenas comidas. Con cinco días o una semana se pueden sumar excursiones en tren a Florencia, Rávena, Ferrara o Módena.
El Aeropuerto Guglielmo Marconi de Bolonia (BLQ) está a unos 6 km al noroeste del centro. El monorriel Marconi Express llega a la estación de Bologna Centrale en unos ocho minutos, y también hay taxis. Desde la estación, buena parte del centro queda a una distancia que se puede recorrer a pie.
Por ahora no. La torre Asinelli, de unos 97 m, solía abrirse para subir a lo alto, pero está cerrada al público desde que el entorno de la inclinada Garisenda se cerró por obras de seguridad en octubre de 2023. No hay fecha de reapertura confirmada, así que consulte antes en la oficina oficial de turismo.
Sí. Los alquileres vacacionales en Italia necesitan el código identificativo nacional, el CIN, emitido mediante la base de datos del Ministerio de Turismo, que debe aparecer en cada anuncio en línea y fuera del edificio. La ciudad y la región pueden añadir requisitos propios, así que revise las normas vigentes antes de reservar.
Bolonia es conocida por su universidad, fechada tradicionalmente en 1088, sus pórticos inscritos por la UNESCO, las Dos Torres, su arquitectura de ladrillo rojo y su comida, del ragù con tagliatelle a la mortadela. Sus apodos la dotta, la grassa y la rossa resumen su saber, su cocina y su color.
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